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Psiquiatría en los desastres

publicado a la‎(s)‎ 10 jun. 2011 7:02 por Víctor H Loo A   [ actualizado el 20 sept. 2017 7:12 ]

    Cuando ocurre un desastre natural con frecuencia hay pocos psiquiatras. La atención a la salud mental generalmente está dada por el trabajo psicosocial que realizan principalmente organizaciones no gubernamentales locales pequeñas y algunas de carácter internacional, mucho depende de iniciativas y financiación del exterior.

    En México, quienes participamos en el rescate del sismo de 1985, nos percatamos de toda la ayuda que se recibía en el aeropuerto de la ciudad, asimismo de las donaciones diferentes que se aportaban por diversos organismos internacionales y de la población en general, sin embargo la participación del Estado sigue siendo aún insuficiente, pues aún a más de 25 años, encontramos albergues de los llamados “damnificados del sismo” en la ciudad, la reglamentación sobre construcción no ha sido clara, pues se encuentra en la mesa la discusión que sobre el particular alude al nuevo edificio del Senado de la República en la Avenida Reforma de esta capital.

    Además de insuficiente, prevalece en la sociedad mexicana la desconfianza por quienes a nivel gubernamental hacen acopio y destinan los apoyos que la sociedad en muestra de solidaridad otorgan. El terremoto de magnitud 8,2 ha sido el más intenso registrado en México, seguido por más de mil réplicas que ha afectado sensiblemente a Chiapas y Oaxaca entre otros 10 estados de la república donde se percibió. Los recursos gubernamentales fluyen muy lento, a expensas de que se encuentran fondos del FONDEN y el seguro llamado "Bono catastrófico", se hace más patente el apoyo por la sociedad civil. 

    En un terremoto o un desastre tienes que estar fuerte, actuar fría y serenamente. El drama que se vive por los afectados, niños y familiares es doblemente estremecedor. A 32 años del sismo de 1985 se sabía que iba a ocurrir otro, aunque nadie sabía cuándo. Los expertos nos han dicho que la Ciudad de México está asentada en una zona sísmica, y ya nos alcanzó curiosamente el mismo día 19 de septiembre, ahora de 2017 con magnitud de 7.1, dejando más de 200 muertos. Quienes atienden de manera inmediata el estrés generalizado es la misma población, sin que aún existan protocolos bien organizados y coordinados por las autoridades que siguen siendo rebasadas por la magnitud de los eventos. 

    En una publicación que hace la Organización Mundial de la Salud titulada “La salud mental más allá de la crisis”, el doctor Mustafa Elmasri, psiquiatra de Gaza con veinte años de experiencia en situaciones de conflicto y guerra y sus dolorosas secuelas, ha desarrollado gran parte de su trabajo en el Oriente Medio y el norte de África, encontrando que aunque hay diferencias de un país a otro, por lo general hacen falta especialistas que presten asistencia psicosocial; además señala, que la atención de este tipo debe provenir del sistema de salud local, de una estructura que siga existiendo después de que cese la ayuda del exterior, y no debe de consistir en intervenciones muy sofisticadas prestadas por extranjeros a “la gente pobre de la localidad” (Boletín de la Organización Mundial de la Salud 2011;89:326-327).

    Las personas necesitadas se alegran de recibir ayuda; pero a veces esta no es eficaz e incluso resulta inapropiada.  En México, aunque no en desastre, la condición es similar, por ejemplo en la atención de las adicciones, donde los recursos profesionales son muy insuficientes, que se tiene que echar mano de estos organismo, por ejemplo de los grupos de autoayuda, que aunque carezcan de evidencias suficientes de cientificidad, se incorpora al programa de atención, pero como en los desastres, con dificultades en la coordinación de las acciones, ocultando la realidad y sí, promoviendo la idea del “alivio de la emergencia”.

    En suma, se plantea que en momentos emergentes, los especialistas no deberían proporcionar asistencia clínica directa a los habitantes, sino solo colaborar con los prestadores de asistencia locales y apoyarlos. No prometer un montón de cosas y luego desaparecer cuando se acaban los fondos, pues deja las cosas truncas y deja un gran desaliento, "...y estas personas ya han sufrido demasiado a causa de las pérdidas y las promesas vanas". Los seres humanos entonces en su adaptación, supera la parte negativa del trauma; los recuerdos son dolorosos, pero las personas siguen adelante con sus vidas y reconstruyen su mundo.


Los desastres naturales


Dr. Víctor Hugo Loo Almaguer

Esp. Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia.

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